Asesinato de Sucre. Amor y Romance- Ordena Ahora. Canastas, Anchetas, Arreglo de flores, la red latina mas grande.
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Credito Imagen: Foto Google Feb 02, 2011
Asesinato de Sucre.

En el capitulo anterior, habíamos quedado en que el mariscal Sucre había decidido quedarse en el pueblo "La Venta" ante la aparición en extraña coincidencia de dos reconocidos asesinos en ese sitio que preocupó de gran manera a Sucre. Varios historiadores piensan que esto fue un error táctico incomprensible en un estratega militar de la talla de Antonio José de Sucre, veterano de varias batallas, pues debió haber proseguido su camino, llevando la compañía de algunos vecinos amigos de la causa libertadora, hasta lograr llegar al siguiente poblado, el cual era menos peligroso que la montaña de Berruecos donde se encontraba. Nadie se explica por que un hombre comunmente tan previsivo como Sucre y conocido por la exactitud con que calculaba los pasos del enemigo, pudo cometer este fatal error, dándole tiempo a los criminales para que planearan el golpe con la calma y precaución necesarias para no ser descubiertos.

Sucre pensó evitar el peligro domesticando este par de fieras que le acechaban y convidó a Sarria y a Erazo a tomar una copa de Brandy y a una cena que mandó preparar, ambos aceptaron tomarse unos tragos, pero a la hora de la cena se marcharon pretextando que tenían que viajar inmediatamente fuera del pueblo, uno para su casa y otro a una comisión urgentísima. Si Sucre, alejados aquellos siniestros hombres hubiera continuado su marcha sin decir nada, se hubiera salvado, pero ya mas confiado no lo hizo. Sin embargo tomó algunas precauciones para pasar la noche, cargó con munición sus pistolas y las de sus compañeros de viaje, dejando para vigilar, a dos asistentes con fusiles. El dueño de la casa que los hospedó les preguntó que donde habían dormido la noche anterior y habiéndole contestado que en la posada de José Erazo, dijo "ustedes viven de milagro, pues han dormido en medio de asesinos". Erazo posiblemente no intentó nada contra sus vidas para que no se supiera que en su posada murió un héroe de la independencia y despertara la ira de Bolívar, pues Sucre era en esos momentos tal vez el mas querido de sus amigos.

Durante la noche, lluvia y truenos presagiaban algo terrible, pero no ocurrió nada y la aurora del 4 de junio apareció clara y resplandeciente, disipando los temores de los viajeros, el sol mostrando su inmenso disco rojo y radiante en el horizonte , derramó en el corazón del héroe una engañosa confianza. Sucre creyendo que todo peligro había pasado, se puso en marcha en fila india con sus compañeros, cerca de las ocho de la mañana, un poco mas de media hora después de la partida, en un paso angosto y con lodo por la lluvia de la noche, sale de los árboles y espinosas malezas del borde del camino, un tiro de fusil "!ay¡ !balazo¡..." exclama el general Sucre y no habían acabado sus labios de pronunciar esta ultima palabra, cuando parten tres tiros mas de un lado y otro del lóbrego sendero y el gran mariscal de Ayacucho, a los 37 años de edad, cae víctima de una bala que le atravesó el corazón, disparada por un cobarde oculto y se desploma pesadamente sobre el hondo lodazal de aquel solitario y tenebroso bosque, en un atentado cometido por manos anónimas, con fría y premeditada traición, sin odio, sin deseo de venganza, solo por ideas políticas intolerantes que han convertido a Suramérica en territorio de crímenes imperdonables ,cometidos por quienes no toleran que alguien piense distinto a ellos. Los asesinos que acabaron con la vida del General Sucre, no lo hicieron a cuenta propia y por su decisión personal, ellos le estaban haciendo un mandado a alguien, eran solo los autores materiales.

El autor intelectual según la opinión de muchos, fue el general José María Obando, quien se rebeló contra el gobierno de Simón Bolívar en 1828, aunque nunca se pudo comprobar plenamente su responsabilidad. Obando, quien fue presidente de la República en 1853, moriría en 1861 también en un lodazal en el que cayó del caballo y fue atravesado por la lanza de un soldado enemigo quien no escuchó, o no quiso escuchar sus gritos de rendición.

Cuando Sucre cayo fulminado por las balas, uno de sus asistentes se devolvió rápidamente a atenderlo y pudo observar furtivamente entre los árboles, agazapados a cuatro hombres que lo miraban fijamente, pero no logró determinar con precisión si se trataba de Sarria o Erazo pues la conmoción del momento le ofuscó el entendimiento, solo recuerda que todos llevaban armas largas y uno de ellos tenía un sable ceñido y ante la mirada fría y terrible de los asesinos, espantado volvió riendas de su caballo hacía "la Venta". Los homicidas le gritaron dos veces, "¡párate Caicedo que la cosa no es contigo, párate!". Lo que asustándole aun mas, le hizo correr todo lo que le permitía el Lodazal de aquel infernal camino, hasta llegar a la Venta, donde entró a gritos pidiendo auxilio y ayuda para rescatar el cadáver, pero era tanto el terror que Sarria, Erazo y los bandidos de esa zona inspiraban, que nadie se atrevió a acompañarlo de vuelta y el cuerpo del mariscal duró alrededor de 24 horas abandonado en el lodo porque el miedo les impedía a los habitantes acercarse al lugar de los hechos.

Al día siguiente, sabiendo todos que ya no había gente en la montaña ni cerca al cadáver, se animaron varios a ir al lugar de la catástrofe y al encontrar el cuerpo lo reconocieron, tenía tres heridas mortales y no le habían robado nada, ni siquiera una bolsa con monedas de oro que llevaba, de donde se deduce que no le dispararon para robarle sino para quitarle la vida. Al conocer Bolívar consternado el cobarde crimen, envía una partida del batallón Vargas para recuperar el cadáver y si es posible talar esos bosques hasta aprehender a los fraticidas, pero el hecho ya esta consumado y nada le puede devolver la vida al héroe de la independencia de Ecuador, Perú y Bolivia, de la toma de Valencia, de la Batalla de Pichíncha, de la Batalla de Junín, de la Batalla de Ayacucho, de la Batalla de Tarqui, donde fue invencible ante el poderoso ejercito Español. Con su apellido han sido bautizadas en su honor varias ciudades de Venezuela, de Bolivia, de Colombia. Municipios, aeropuertos, barrios, estatuas y la moneda de Ecuador, testimonian, la admiración de millones de personas por el gran Mariscal.


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